Russell Roberts mayo 15, 2018

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Uno de los desafíos de ser economista es explicar qué es lo que uno hace para vivir. La gente entiende que una de las cosas que hace un profesor de economía es enseñar economía. Pero, exactamente, ¿qué es eso? La mayoría presume de que es algo que tiene que ver con invertir y con administración de las finanzas. Cuando en una ocasión le conté a mi compañera de asiento en un vuelo de una aerolínea, que yo era un economista, ella me dijo, qué lástima, mi esposo ama la bolsa de valores. Mmmm. No le conté que, además de conocer las ventajas de invertir en fondos mutuos indexados, casi que no sé nada acerca del mercado de valores.

Mi compañera de asiento podría haberse beneficiado leyendo a Alfred Marshall, quien dijo que la economía “es un estudio de las acciones del hombre en las actividades ordinarias de la vida.” Ese fue el empeño de Marshall y de Adam Smith y de Friedrich Hayek y de Milton Friedman: trataron de entender qué es lo que la gente hace y las implicaciones de su comportamiento, para la sociedad como un todo.

A pesar de ello, mi definición favorita de economía es una variante de la de Marshall. Surgió de una estudiante, quien la había escuchado de otro maestro de ella: la economía es el estudio de cómo obtener lo más de la vida. Me gusta porque llega al verdadero corazón de la economía –las elecciones que hacemos, dado que no podemos tener todo lo que queremos. La economía es el estudio de deseos infinitos y de medios limitados, el estudio de las elecciones que nos restringen. Eso es cierto para individuos y gobiernos, familias y naciones. Thomas Sowell lo dijo mejor que nadie: nada de soluciones; tan sólo canjes o intercambios. Para lograr lo más de la vida, para pensar como un economista, usted tiene que saber qué es lo que está dejando de tener, para poder obtener algo más. Esto es todo lo que significa el costo de oportunidad:

El costo de oportunidad es lo que tiene que dar a cambio para obtener algo.

¿Qué podría ser más al grano? Si quieres algo, tendrás que dar algo a cambio. La idea resulta ser un poquito más sutil que lo que parece ser a primea vista. Veámosla un poquito más de cerca.

Milton Friedman solía decir que la economía es simple. Todo lo que tienes que recordar es que la curva de demanda tiene pendiente hacia abajo y que no hay nada gratis. La parte difícil es aplicar estas dos ideas sencillas. Cuando Friedman dijo que no había nada gratis, dio a entender que todo tiene un costo. Tome su frase proverbial que Friedman se deleitaba en señalar, acerca del que no existía un almuerzo gratis. [“There’s no free lunch”]. Suponga que lo invito a almorzar y que yo pago la cuenta –yo prometo pagar y mantengo mi promesa. Gratis, ¿en verdad? No, dice el economista.

El economista: No hay costo monetario. Hoy. Pero queda la expectativa de que usted me devolverá el favor y me invitará a un almuerzo en el futuro.

Usted (creyente en el almuerzo gratis): Sin embargo, debe darse cuenta de que no soy una persona amable. No planeo reciprocarlo y voy a mantener esa promesa para mí mismo. El almuerzo de hoy es gratis.

El economista: No. Aun si usted no planea reciprocar, el sentimiento de culpa de ser un vividor es un costo.

Usted: Usted no se da cuenta de qué tan malo soy. No tengo conciencia. De manera que consigo un almuerzo gratis.

El economista: Ah no. Tienes que escucharme hablar mientras estamos comiendo.

Usted: No voy a poner atención. Voy a ponerme a soñar acerca de mis próximas vacaciones. Voy a pretender que estoy poniendo atención.

El economista: Aun así no es gratis. El costo de almorzar conmigo aun cuando yo lo pague, aun cuando usted no planea reciprocarme y aun cuando yo hago toda la hablada que usted ignorará, es el placer que habría tenido si hubiera hecho algo diferente en vez de eso. Cualquier cosa que dejó de hacer, a fin de almorzar conmigo. No es sólo la plata. No es sólo el tiempo. Sino que es el valor o placer que usted habría obtenido haciendo alguna otra cosa.

De manera que una de las claves para pensar como un economista, es pensar siempre que todo tiene un costo. Esta puede ser una razón por la cual los economistas tienen menos amigos que los que de otra manera tendrían. Algunas veces, la gente se siente muy contenta con la creencia ingenua de que algo es gratis. Nos gusta la idea de obtener una buena ganga. No queremos escuchar nada acerca de costos ocultos o que no son obvios. Pensar acerca de oportunidades no realizadas, de decisiones que no tomamos, puede conducir a arrepentimientos. Escoger una universidad, significa que usted no puede ir a otra. Casarse con una persona, significa que uno no se casa con otra. Elegir un postre (a menudo) significa que se pierde otro. En ocasiones, la gente simplemente quiere comerse el queque y, a la vez, conservarlo, sin que deba recordárseles que ellos se perdieron una espectacular tajada del queque.

Todo eso es cierto. Pero, si usted desea obtener lo máximo de su vida, tiene que tomar en cuenta al costo de oportunidad, las alternativas que se dejaron de tomar. Es mejor efectuar buenas escogencias y aprender cómo vivir con ellas, que tomar malas decisiones en una ignorancia beatífica que conduce a la ruina. He aquí algunas aplicaciones de cómo, si entendemos los costos de oportunidad, eso nos permite obtener la mejor parte de la vida.

El costo verdadero de la universidad

¿Cuál es el costo verdadero de ir a la universidad? La parte obvia del costo de entrar en una universidad es el pago de la matrícula. No es el gasto en la dormida y la comida, porque de todas maneras uno incurre en ellos. Sino que el costo de oportunidad incluye los salarios de trabajos que dejó de percibir, que habría tenido si no hubiera ido a la universidad. Esta es una de las razones por las cuales uno va a la universidad cuando se es joven, sin experiencia alguna en el mercado laboral –que nuestros salarios son relativamente bajos, de manera que los ingresos, que se dejaron de percibir por ir a la universidad, son menores.

El rendimiento de sus inversiones

Los economistas saben bien algo acerca del mercado de valores. Si usted me dice que tiene un buen registro histórico de sus inversiones, quiero saber algo: ¿comparados con qué? Un administrador de fondos mutuos, quien el año pasado ganó un 12% por sus inversiones, parece haber tenido un año excelente [el autor escribió esto en el año 2007]. Pero, los fondos mutuos indizados del registro Standard and Poor’s 500 [S&P 500] ganaron más del 15%. Si ambos fondos hubieran tenido el mismo nivel de riesgo, ese administrador de fondos mutuos tuvo un rendimiento negativo del 3%. Similarmente, si conserva sus activos en forma de dinero en efectivo, significa que está dejando por fuera la oportunidad de invertirlos. El costo de oportunidad del dinero en efectivo es el rendimiento que podría obtener si los invierte.

Dueño de la vivienda y mejorías en el hogar

A los agentes de bienes raíces les gusta decirle que una casa es una gran inversión. El valor de la casa se va a apreciando y a usted le gusta vivir en ella. Algunas veces ambas son afirmaciones verdaderas. Pero, la apreciación del valor de la casa no es suficiente como para convertirla en una buena inversión (o que una razón para comprar una casa particularmente grande, con base en el argumento de que la inversión se va a apreciar, es que es mejor tener una tajada más grande). A los propietarios de casas les gusta saborear qué tanto más recibieron cuando vendieron su casa, en comparación con lo que pagaron. Cuando miden el rendimiento, raramente substraen los costos monetarios directos –las reparaciones, los impuestos y las tarifas y comisiones de abogados, agentes de bienes raíces y de agencias gubernamentales. Sin embargo, nunca he conocido al orgulloso vendedor de la casa en Boston, Washington o Los Ángeles, quien calcula las oportunidades de inversiones que dejó de llevar a cabo, por quedar atado al pago inicial y a los pagos de las hipotecas durante la vida que pasó en la vivienda.

Similarmente, a los agentes de bienes raíces (y los contratistas) les gusta decirle que una renovación de la cocina es una buena idea, porque usted obtendrá de regreso la plata que metió, en la forma de un precio más alto cuando venda la casa. ¡De manera que la cocina es gratis! Y, entre tanto, usted disfruta de los placeres de la cocina. Esa lógica está bien, en tanto que el placer de la cocina sea suficiente para compensar el costo de oportunidad de amarrar su dinero en gabinetes y granito y dejar de recibir el rendimiento que podría haber ganado, si hubiera hecho algo diferente con el dinero.

Un aspecto de la propiedad en vivienda y el costo de oportunidad resulta ser particularmente truculento. Suponga que su casa se revalúa. Usted podría venderla y trasladarse a una casa más pequeña o a una casa en un vecindario diferente. Sin embargo, usted decide quedarse. La apreciación en el valor de su casa significa que se ha hecho más costoso vivir en ella. A pesar de ello, ese incremento en el costo, siendo un costo de oportunidad en vez de un costo pagado con dinero de su bolsillo, no significa que usted está peor. De hecho, es un signo de que está mejor –un activo de su propiedad se ha apreciado y su riqueza ha aumentado, al menos en tanto permanezca tal apreciación. El costo de oportunidad es algo diferente a lo que coloquialmente pensamos es un costo, que usualmente significa un pago monetario. El costo de oportunidad guía la toma racional de decisiones. Pero, un incremento en los costos no necesariamente significa que usted está peor que como estaba antes.

Los costos hundidos están hundidos, los costos históricos son historia

El costo de oportunidad es un concepto con miras al futuro. Si el carro mío sufre una avería y yo lo arreglo, y si de nuevo se descompone, la decisión de arreglarlo por una segunda vez es independiente de los primeros costos por reparaciones. Es irracional pensar que tengo que repararlo, porque ya le he metido tanta plata al carro –si yo no lo arreglo, perderé todo el dinero que ya he invertido. Yo ya he perdido el dinero con la primera reparación. Ahora bien, sólo debo cuestionarme si el segundo conjunto de reparaciones vale la pena.

Una variación del argumento del “costo hundido” es la irrelevancia de los costos históricos. [Nota del traductor: “costo hundido” es un costo ya incurrido y que no puede ser recuperado y “costo histórico” es, en contabilidad, el valor monetario nominal original de un bien económico]. Lo que el vendedor pagó por su casa hace veinte años tiene poco efecto sobre su precio de mercado hoy en día. Quejarse porque el vendedor está cobrando un precio exorbitante, en comparación con lo que el vendedor pagó originalmente, sólo asegura que usted tendrá problemas para encontrar alguien que le venda una casa, que satisfaga sus estándares de lo que es un precio justo. El lado malo es que, explicarle a un comprador potencial en un mercado de vivienda que ha colapsado, que su precio es alto porque, después de todo, usted pagó mucho por ella en alguna ocasión y que tan sólo es justo que obtenga de regreso ese dinero, más un rendimiento adecuado, muy difícilmente será una estrategia exitosa para vender su casa. Los precios de mercado ignoran la historia.

Los costos de remplazo son más relevantes que los costos históricos. Si un amigo le da una pintura de Van Gogh como regalo de bodas y unos pocos años más tarde, un huésped que vino a cenar, le hunde borracho un cuchillo para carne después de perder su equilibrio, el huésped no le va a decir a usted que lo olvide, porque, después de todo, era un regalo por el cual usted no pagó nada.

Auto-suficiencia versus descansando en otros.

Tal vez la aplicación más importante de costo de oportunidad, es la decisión de hacer las cosas por uno mismo, en vez de contratar a alguien que las haga. Hacer las cosas por uno mismo es a menudo barato y hasta puede ser divertido. Sn embargo, el costo de hacerlo por uno mismo es el valor de las otras cosas que usted podría haber hecho por sí mismo con su tiempo. Estas otras cosas pueden incluir trabajar en un empleo de tiempo parcial o hacer labores de consultoría, lo cual significa que usted está dejando de ganar dinero De manera que, hacerlo por uno mismo, puede ser costoso en el sentido monetario. Aun así, los costos no monetarios pueden hacer que los costos monetarios luzcan pequeños. El tiempo que usted gasta pintando por sí mismo la casa, es un tiempo que no puede gastar leyendo a sus niños o estando con su esposa o haciendo de voluntario en un comedor local para indigentes.

En última instancia, cualquier cosa cercana a una genuina auto-suficiencia es la ruta hacia la pobreza. Un ávido hacedor de cosas por sí mismo puede cambiar su propio aceite, hornear su propio pan y construir una estantería en su lugar de trabajo en el sótano. Sin embargo, no forjará su propio acero ni la moda de su propio carro. No cultivará su propio trigo ni molerá su harina propia. No cortará un árbol y cepillará la madera para aquella estantería. Y, aún si lo hiciera, comprará la aserrada. No lo hará por sí mismo.

Al especializarnos en un conjunto muy pequeño de habilidades, vender esas habilidades en el mercado y descansar en las habilidades de otros individuos especializados, creamos mucho de lo que llamamos especialización. Nosotros nos especializamos, porque los costos de ser auto-suficientes son sumamente elevados.

De todas las restricciones que encaramos, la restricción de 24 horas en un día y una vida finita son unas de las que no podemos escaparnos. Obtener lo más de una vida significa usar sabiamente ese tiempo precioso. Usar ese tiempo sabiamente significa usar y entender el costo de oportunidad.


Traducción por Jorge Corrales

Russell Roberts

Russell Roberts es profesor de Economía en la Universidad George Mason y miembro investigador del Instituto Hoover de la Universidad Stanford. Es el editor de artículos de la Library of Economics and Liberty y el anfitrión de EconTalk.

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