Daniel J. Mitchell mayo 15, 2018

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Celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Marx es una bofetada a millones de personas asesinadas por el comunismo.

La malévola ideología conocida como comunismo dejó un historial de horror inimaginable. Los expertos estiman que 100 millones de personas fueron asesinadas por regímenes marxistas.

A algunos se les mató. Otros murieron de hambre, debido al fracaso económico generalizado del comunismo.
Y todavía están los incautos y los apologistas, que no se dieron cuenta de toda esa muerte y miseria.

Uno de ellos es Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europa. Uno de estos días, este super-burócrata ayudará a celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx.

“El presidente de la Comisión Europea viajará a Trier, Alemania, en donde dará un discurso para celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Marx. …El presidente de la Comisión dará un discurso en la ceremonia de apertura de la exhibición Karl Marx en la ciudad. …El viaje del principal eurócrata ha recibido críticas, que han sugerido que el funcionario de 63 años ha olvidado cómo la ‘tortuosa ideología’ de Marx condujo a millones de muertes alrededor del mundo. El parlamentarista británico del Partido Independentista del Reino Unido y antiguo líder de esa agrupación, Paul Nuttall, dijo ‘Es espantoso que Jean-Claude Juncker sienta que es necesario conmemorar un hombre cuya ideología -marxismo/comunismo- condujo a más de 100 millones de muertes.’ …El parlamentarista conservador, Daniel Kawczynski…, quien como niño de siete años huyó hacia Inglaterra con su familia del régimen comunista de Polonia, dijo que el señor Juncker debería rechazar todas las invitaciones para conmemorar el acontecimiento. Dijo él, ‘Pienso que es de muy mal gusto que tengamos que recordar que el marxismo era, ante todo, acerca de desgarrar el poder y los medios individuales lejos de la gente y dárselos al Estado. El marxismo condujo a la muerte de millones alrededor del mundo al tiempo que permitió que una pequeña banda de fanáticos suprimiera a su gente; debemos aprender las lecciones de esto y compartirlas con nuestros hijos.’”

¡Qué asquerosidad!

Y no olvidemos que el comunismo todavía está causando víctimas en lugares como Cuba y Corea del Norte.

He aquí la parte de la historia que me dejó con la boca abierta.

“Un portavoz de la comisión defendió la visita del señor Juncker… Dijo ella: …’Pienso que nadie puede negar que Karl Marx es una figura que, de una manera u otra, determinó la historia.’”

Si tal es el caso, entonces, ¿por qué no celebrar también el cumpleaños de Hitler?

Escribiendo para la Sociedad Atlas, Alan Charles Kors, expresa su descontento en cuanto a que el comunismo no reciba el mismo trato que su ideología hermana, el nacionalsocialismo.

“Ninguna causa, jamás, en la historia de la humanidad, ha producido más tiranos despiadados, ha asesinado a inocentes y ha dado lugar a más huérfanos que el socialismo con poder. Sobrepasó, exponencialmente, a todos lo s otros sistemas de producción en cuanto a generar muertos. Los cuerpos están en todo nuestro alrededor. Y aquí yace el problema: Nadie habla acerca de ellos. Nadie los honra. Nadie hace penitencia por ellos. Nadie ha cometido suicidio por haber sido un apologista de aquellos que hicieron eso a ellos. …Occidente acepta una doble moral, monstruosa, inolvidable, que hace época. Casi a diario repasamos los crímenes del nazismo, se los enseñamos a nuestros hijos como lecciones morales e históricas supremas, y damos fe de cada víctima. Nos mantenemos, con tan pocas excepciones, casi silenciosos acerca de los crímenes del comunismo. Así que los cuerpos yacen entre nosotros, sin ser reconocidos, en todas partes. Insistimos en la ‘desnazificación’ y fustigamos a aquellos que lo atemperaron en nombre de realidades políticas nuevas o emergentes. Nunca ha habido ni habrá una ‘descomunización’ similar, aun cuando la carnicería de los inocentes fue exponencialmente mayor y aun cuando permanecen aquellos que firmaron las ordenes y dirigieron las prisiones. En el caso del nazismo, cazamos a hombres de noventa años de edad, porque ‘los huesos claman’ por justicia. En el caso del comunismo, insistimos en que no habría ‘cacería de brujas’… El holocausto comunista debería haber dado lugar un florecimiento del arte occidental y testimonio y simpatía. Debería haber traído un océano de lágrimas desbordado. En vez de ello, ha suscitado un glaciar de indiferencia. Muchachos, quienes en la década de 1960 tenían retratos de Mao y del Ché en las paredes de sus universidades -el equivalente moral de haber colgado los retratos de Hitler, Goebbels u Horst Wessel en el dormitorio de uno-, ahora educan a nuestros niños acerca de la superioridad moral de su generación política. Todos los libros de texto de historia se entretienen en los crímenes del nazismo, buscando sus causas fundamentales y anunciando una lección que debería ser aprendida. Todo mundo conoce el número ‘seis millones.’ En contraste, son siempre ‘errores’ del comunismo o del estalinismo (repetidos, por error, de nuevo y de nuevo y de nuevo). Pregúntele a un estudiante universitario de primer año cuántos murieron bajo el régimen de Stalin, y ellos le responderán, incluso hoy, ¿’Miles? ¿Cientos de miles?’”

Por supuesto, probablemente algunos de esos muchachos están vestidos con camisas que celebran al Ché Guevara. Así que, huelga decir, son unos ignorantes.

O, si es que en realidad conocen el historial del Ché, los muchachos son gamberros inmorales.

En todo caso, Jean-Claude Juncker no debería llamarse al engaño. Parece como que él desea que su nombre sea agregado al concurso del payaso más grande de Bruselas.

Post Data: Me da pena admitir que algunos economistas fueron apologistas del comunismo.

Post Post Data: Hay un pequeño aspecto positivo en la nube oscura del comunismo. Usted puede hacer clic aquí, aquí, aquí y aquí, para disfrutar de algún humor ingenioso anti-comunista.

Reimpreso de International Liberty.


Traducción por Jorge Corrales.

Daniel J. Mitchell

Daniel J. "Dan" Mitchell es un economista libertario estadounidense y uno de los colaboradores principales del Cato Institute. Es un partidario del impuesto fijo, la competición fiscal, la privacidad financiera y la soberanía fiscal.

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