Juan Cartagena mayo 31, 2018

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En días pasados me encontraba en mi casa junto con mi abuela, ella se me acercó y me dijo: “mijo, me dijeron que Petro es el cambio que necesitamos, que va a darle una casa digna a las personas que la necesiten, aparte de educación gratuita para todos y muchas prebendas para los pobres, va crear una justicia social, una sociedad sin ricos ni pobres, yo voy a votar por él”. Quedé impactado y no sabía qué contestarle, ni mucho menos cómo explicarle a esta mujer de 67 años, que ha vivido sin mayores lujos, que educó sola a su hijo y que no había tenido una vida fácil, sumándole que todo lo que ha logrado ha sido por su cuenta y no gracias al Estado, que todas estas propuesta para ayudar a los pobres no solucionarían nada, además de que estas promesas eran un engaño y que todo saldría del mismo pueblo de manera  poco justa.

Guardé silencio unos minutos, pensando en cómo las personas le exigen al Estado una serie de beneficios y privilegios sin pensar que este lo hace mediante la captación de dinero a individuos de manera coercitiva, por lo tanto, no se le puede pedir al Estado sin que él nos pida lo mismo a cambio, y que entre más le exigimos más nos quita, puesto que este es su modus operandi.

Es necesario recordar que Murray N. Rothbard definía al estado cómo:

“la organización que obtiene sus ingresos, no a través de contribuciones voluntarias o el pago por servicios prestados, sino a través de la coerción. Mientras que otros individuos o instituciones obtienen sus ingresos por medio de la producción de bienes y servicios y por la venta voluntaria y pacífica de dichos bienes y servicios a otros individuos, el Estado obtiene sus ingresos mediante el uso de la compulsión. Luego de usar la fuerza y la violencia para obtener sus ingresos, pasa a regular las demás acciones de sus súbditos individuales”.

Después de que le comenté todo esto a mi abuela también le dije que Petro tiene un programa de gobierno no sólo ambicioso sino también poco coherente frente al panorama actual del país, y es que el modelo de economía productiva que propone se opone rotundamente a actividades extractivistas, siendo estas las que mas ingresos le dejan al país, por lo tanto este modelo no generaría los ingresos necesarios para cumplir con sus grandes aspiraciones, no me extendí mucho puesto que a ella no le interesaba mucho este aspecto.

Frente a la justicia social que ella mencionaba a la que además le sumó que Petro quería democratizar los medios de producción para entregárselos al pueblo y lograr dicha justicia, le contesté que esta justicia social y democratización, se basa en una repartición de los bienes para compensar la desigualdad que existe en la sociedad, y no es nada más que injusto porque esta lo que hace es castigar al que ha tenido éxito y se ha esforzado por progresar, condenar el ahorro, disminuir la inversión, a causa de estos castigos simplemente se baja la acumulación de capital, subiendo consigo los índices de pobreza y desempleo donde los principales afectados son los trabajadores, la clase obrera.

A lo que termine de hablar ella me dijo: “pero es que Petro quiere acabar con la desigualdad entre ricos y pobres porque esta era injusta y por esto es que se quiere democratizar (expropiar) la tierra y no sé, no creo que sea tan malo”. Al respecto le contesté: “La desigualdad en todas las ocasiones no es injusta, puesto que el progreso no es igual en todos los individuos y es por esto que se genera la brecha económica entre unos y otros, porque la economía premia a las personas de acuerdo a la capacidad que de satisfacer necesidades de los demás, y que es por esta razón que las personas escapan de la pobreza, lo que es evidentemente justo.

Esto también me hizo recordar al sociólogo alemán Franz Oppenheimer que señalaba que una de las formas de obtener riqueza es la producción e intercambio voluntario de servicios, al cual llamó los “medios económicos” y la otra, mediante el uso de la fuerza, el cual llamó “los medios políticos”, en estos últimos se basan las propuestas de Gustavo Petro de quitar a unos para darle a otros.

Finalmente, me dijo mi abuela: “me llevo dos pensamientos, el primero es que: lo que saca a las personas de la pobreza no son tantas prebendas, sino es la libertad en el mercado y a su vez es la economía la que verdaderamente les ayuda y les mejora la calidad de vida; el segundo pensamiento con el que me voy es que: donde a las personas adineradas que me dieron empleo en sus negocios y que me permitieron progresar además de aumentar mi capital para crear mi negocio, no les hubieran permitido progresar de la misma forma que yo lo hice, probablemente todos estaríamos en la pobreza”.

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